lunes, 24 de abril de 2017

Biografía senti-mental.


Pedazos de vida, sin ser extraordinaria, en doce palabras: 
"Estudiar la carrera en Valladolid en los años 70 tuvo su busilis”.

En efecto, in diēbus illis la ciudad se debatía entre el conformismo provinciano de capital castellana tradicional y un desarrollo productivo que estaba dando al traste tanto una configuración urbana anquilosada como un conservadurismo burgués arraigado secularmente. Los barrios obreros de inmigrantes económicos interiores surgidos al socaire de la industria de automoción y afines fueron focos de movilización y toma de conciencia ciudadana a las que los universitarios, sin entender entonces que comenzaban los estertores del franquismo, no fuimos inmunes (hubo incluso quién escribió sobre ello una mala novela que, indefectiblemente, fue premiada).

Pero también, la acomodación a nuevas expectativas ideológicas pasaba por el fomento de inquietudes culturales generales, amén de iniciaciones sexuales varias. Un terreno al que me llegó allí una nueva apertura mental, a tenor de las circunstancias, fue la música. Tres compañeros fueron claves, bien temperados por cierto. Uno, en el campo en el que yo estaba fuertemente, y prácticamente en exclusividad, enraizado, el pop anglosajón, que se ensanchó con intercambio de discos y cassettes. Otro, en el de la música clásica, que él cultivaba con fruición familiar y que para mí fue una novedad total cuando comencé, y aún me dura, a interesarme y asistir a conciertos y audiciones de sociedades musicales que en la ciudad proliferaban.  Y, por fin, el tercero quien me puso en contacto con la que acabaría siendo mi preferida, el jazz. En este caso se trató de una auténtica caída del caballo y conversión entusiasta y proselitista que me acabó arrastrando como un fanático, dada la penuria de ofertas pucelanas, hasta los festivales de jazz de la ciudad de origen de mi amigo y otros limítrofes y a la búsqueda compulsiva y compra de vinilos, LP’s cuando era posible. 

Tengo que reconocer sobre ello otra deuda importante, no, trascendental, que produjo mi definitivo encantamiento. Las charlas-audiciones que por entonces impartieron Paco Montes y Juan Claudio Cifuentes ‘Cifu’ en el pabellón de la Feria de Muestras, allí en la Huerta del Rey. Fue una visión profunda y progresista de la historia del jazz, de J. R. Morton (1) al ‘Art Ensemble of Chicago’ (2) pasando por el rey, el duque, el conde y todas las figuras seminales (Parker, Davis, Coltrane, Monk, Rollins, Mingus, etc.), con magníficos ejemplos musicales cuya asimilación con los cientos de datos del recorrido que nos proporcionaron, sirvió de base, con la pasión de un converso, a mi conocimiento y a mis preferencias en un género a priori difícil y esotérico. 

También debo recordar, a mayor abundamiento, las sesiones sabatinas que, por la tarde después de comer y previo a que prevaleciera su nocturno ambiente guatequero y de música del momento, la discoteca South organizaba, a precios moderados de copa, con buenas audiciones de los grandes del jazz, muy en sintonía con las enseñanzas del Cifu, desde su local de la calle Miguel Íscar. Calle, que hoy concentra ella sola el mayor número de entidades bancarias por metro cuadrado de España, según dicen los periódicos. O tempora! O mores!
© Tipo Material.


(1) https://www.youtube.com/watch?v=ujFWZrs6pow 
  

[publicado en Chøpsuëy Fanzinë]



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