miércoles, 14 de octubre de 2015

Lecciones de Finlandia.

A. A. Universidad de Helsinki [google]


La arquitectura finlandesa presenta, como no podía ser menos, rasgos particulares. Ha sido la Naturaleza, en su sentido más genérico, la que la ha determinado de manera más profunda.
Finlandia meridional es un bosque continuo de coníferas. Las edificaciones se construyen, con materiales naturales, en los claros de ese bosque. Por otro lado, la vida cívica de los países fríos tiende a llevarse al interior de los edificios, que exigen, además, un vigoroso control de la luz natural y de la climatología externa. Los edificios pueden verse como nacidos del exterior, de la energía viva de su entorno. Y aunque las construcciones tengan un papel activo en el paisaje, el lugar debe también actuar sobre el edificio. Esta relación entre arquitectura y naturaleza no hace más que confirmar la autonomía del lenguaje arquitectónico.
Pero también en la arquitectura finesa ha representado un papel trascendental la Cultura, etimológicamente considerada.
Ello se manifiesta principalmente, en el importante núcleo de arquitectos finlandeses adscritos, críticamente, al movimiento moderno, al que supieron dotar de rasgos específicos incardinados en muchos casos en la tradición, respetando suficientemente la historia de la arquitectura para no tener necesidad de copiar sus ideas formales sino la lógica estructural y espacial de la misma.
El caso paradigmático de Alvar Aalto, cuya figura se proyecta, con luces y sombras, sobre todo el panorama arquitectónico finlandés hasta nuestros días, nos pone de manifiesto como su primigenio naturalismo que caminaba hacia una organicidad abstracta, se transforma en una síntesis tensa entre formas orgánicas, articulaciones geométricas y soluciones espaciales que, a pesar de su manierismo, es un factor de influencia, por la especifidad de su lenguaje, reconocido por la mayoría de los arquitectos.

Pero la arquitectura sólo puede ser comprendida a través de sus propias realizaciones. Una fotografía no puede nunca atrapar la sensación real suscitada por el espacio arquitectónico, aunque puede transmitir la imagen de los elementos que constituyen dicho espacio.
De todas formas, la visita del fotógrafo representa un momento culminante para un edificio. Es como si la labor del arquitecto no acabara hasta que el fotógrafo haya realizado sus imágenes.
La fotografía arquitectónica debe basarse en una comprensión profunda y sensible de la esencia misma de la arquitectura y ser vehículo, a su vez, para la discusión y el debate real sobre la construcción del entorno.
Aún cuando en una muestra se trate de la visión personal de un buen fotógrafo, no deja de ser un amplio espectro de buena arquitectura que puede igualmente ser bien fotografiada. Ello puede contribuir a despojar a la arquitectura del tópico carácter mítico que a menudo lleva asociada.

  

jueves, 1 de octubre de 2015

Paleopolítica.

[by Google]

Lo que hay de natural en el hombre no pasa de ser una inadaptación y una vulnerabilidad. Como fracaso animal, el hombre es un marginado biológico.
En la remota vida de las hordas, o clanes, en el período más antiguo y nebuloso de la especie, comienza para los hombres la historia social de la domesticación humana, la distinción entre naturaleza y cultura ha de ser eliminada. La horda puede ser entendida como una incubación de la antinaturalidad que mantiene alejada la opresión de la vieja naturaleza con predominio del factor histórico-cultural. Con la protección de la horda, el homo sapiens evita los conflictos. En contraposición a la naturaleza hostil, la horda, modernizada en tribu, funciona como incubadora del homo sapiens en una comunidad humana,  previa a la polis, a la civitas, al imperio, figuras de la era agraria.
Desde la perspectiva de la domesticación humana, el peligroso fuera de la horda, la naturaleza inhumana ante la cual la horda generaba un espacio comunitario, se convierte paulatinamente, desde la era agraria, en un dentro hominizado por un dominio a través de la construcción –primero espontánea, pero después planificada– de habitáculos para el asentamiento definitivo.
El uso y conocimiento de los ciclos agrarios, desde los primeros asentamientos de ex tribus nómadas, proporciona la imaginaria fuerza para vincular con mayores niveles de cohesión social, a grandes grupos de un modo progresivo hasta formar un conjunto a gran escala llamado pueblo, nación, estado, sociedad, comunidad.
El instrumento más poderoso en la era de los grandes imperios es la política clásica, que tiene como objetivo formar un conjunto de hombres cohesionados en torno a una esfera de cosas comunes. Reunir a los ciudadanos bajo el vínculo social, es el elemento primordial para la transformación a gran escala de grupos humanos relativamente dispersos, bandas nómadas de cazadores-recolectores, en sistemas comunitarios de sedentarios animales políticos. El Estado es envoltura que se extiende sobre toda la polis, como espíritu común de la ciudad. El hombre comienza a ganar dominio en los centros urbanos de los imperios antiguos, donde se forma una minoría selecta en el arte del saber mandar y que culmina en una secesión respecto de la vieja naturaleza, que dará lugar a la actual secesión de los hombres respecto de los hombres.

Con razón dice Sloterdijk que la historia de las ideas políticas ha sido siempre una historia de las fantasías de la pertenencia a grupos y pueblos.

Vide:
· Sloterdijk, P.- En el mismo barco, ensayo sobre la hiperpolítica. Ed. Siruela. Madrid, 1994.
· Vásquez Rocca, A.- Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización. Ed. Institución Alfons el Magnànim, Colección Novatores, Nº 28. Valencia, 2008.