miércoles, 14 de enero de 2015

Cazando brujas.

 [by google]

[Esto no es una caza de brujas].

En el primer Babelia del año 2015 se da cuenta en el artículo de portada [Arroyo, F.- ‘Ansia de saber y comprender’. Babelia, EP. 03/01/15. págs. 2-4] de una presunta profusión de libros de ‘ensayo’ editados en castellano. Se achaca a que en esta crisis epocal hay muchos fenómenos sociales que se resisten a la comprensión (el ‘no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa’ de Ortega). Y se añade que también ahora hay una voluntad de saber [según Gonzalo Pontón: “los lectores de ensayo son enfermos que no pueden vivir sin el alimento cultural”] que nos permitiría someter el presente (y el futuro) a la voluntad humana. Porque la ‘filosofía’, se aduce, convida a un mejor entendimiento del tiempo que vivimos [ya que, según escribe allí Gomá: “la poesía conmemora el mundo mientras que la filosofía lo define”]. ¿Es ello cierto?

En ese mundillo editorial codicioso sobresaldrían, según el autor del artículo, autores hispanos como el citado Javier Gomá o el sacerdote y novelista Pablo D’Ors
[Nota bene: no tiene que ser casualidad que en los años de finales del franquismo fuesen los ‘humanistas’ D’Ors, Gomá y Garriga los profesores de Estética en la Escuela de Arquitectura de Madrid, frente a los ‘filósofos’ Rubert de Ventós, Trías y Azúa en la de Barcelona (estos dos últimos, por cierto y porque ‘no hay ética sin estética’, ya en la transición, acompañaron a Savater los primeros años en Zorroaga*, la facultad de Filosofía de San Sebastián, *vide Vázquez Gª, F.- Hijos de Dionisos. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, 2014)].
Y de los autores foráneos, en el artículo se resaltaría a los filósofos de raíz heideggeriana como Byung-Chul Han o Giorgio Agamben. Veamos cómo sus editores nos (mal) venden sus libros.

Según Manuel Cruz, Han, filósofo coreano afincado en Berlín, “no es arqueológico, ni erudito, sino que habla de lo que pasa y lo expresa en términos intuitivos que lo hacen asequible (…) Al dar cuenta del presente desde una perspectiva innovadora, Han hace que sus textos sean eficaces para comprender nuestra propia situación” [subrayado nuestro]. Y además practicaría, se dice, una nueva tendencia efectiva y eficiente en el campo del ensayo: la brevedad. Lo que no se señala es la crítica recepción de sus propuestas, tanto en el ámbito filosófico alemán como europeo, donde los pensadores más relevantes ponen su empeño en la discusión sobre alternativas políticas.

Y según Fabián Lebenglik, el italiano Agamben es otro filósofo influido por Heidegger. Se dice que compartiría con Han la característica de que la mayor parte de sus textos son breves, cuestión muy discutible si se compara su bibliografía. Y también se reseñan otras ‘coincidencias’ entre Han y Agamben, “ambos son herederos, a la vez [sic], de Heidegger y de Benjamin. Y ambos se ocupan de una metafísica que no habla de lo que está más allá, sino más bien de lo de aquí”.
Afirmaciones controvertibles en grado sumo. Bastará, en el caso del reconocido Agamben [quién, por afinidad, interpretó al apóstol Felipe en la película ‘El Evangelio según San Mateo’ de Pier Paolo Pasolini], con analizar su indubitada dependencia de Benjamin (y de Foucault y sus ‘arqueologías’) en la temática de sus obras y su estudio de cuestiones teológicas, litúrgicas y monásticas, sobre todo en su producción [vide Apéndice] más postrera.

Frente a las simplificaciones interesadas de los suplementos culturales al servicio de determinadas ambiciones, recalcaremos que el presunto surgimiento ahora del ensayismo, no tiene nada que ver con la que fue su verdadera eclosión que se produjo en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado y que tuvo, de acuerdo con los estudios culturales ad hoc, tres referencias que se retroalimentaron mutuamente, a saber, las transformaciones en la demografía escolar y el aumento de la demanda de estudios universitarios, así mismo, el proceso de fragmentación y radicalización de la izquierda antifranquista que afectaba sobre todo a los recién contratados profesores no numerarios, verdadero proletariado intelectual mal remunerado pero ávido de formación alternativa a la académica y, desde luego, la aparición de nuevos circuitos editoriales de difusión en consonancia con el desarrollo económico de entonces y de las aperturas censoras del régimen.
Tampoco tendría que ver con otras razones aducidas arriba porque en nuestro tiempo ya no vale la distinción poesía/filosofía y, en consecuencia, la idea de que el filósofo es alguien que puede proporcionar un marco conceptual al resto de la cultura. La filosofía se antoja absurda cuando trata de excederse de sus obligaciones. Además la filosofía es un género que subordina su renovación a la aparición ocasional de un genio y en la actualidad, se encontraría a la espera de uno nuevo que la revivifique. Esto lo dijo un anti-escolástico como Richard Rorty, al que le impulsaban a escribir libros de filosofía todos los otros libros que había leído.

* * *


Apéndice.

- Obras últimas traducidas de G. Agamben [poniendo al día Wikipedia]:

Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental. Pre-Textos. Valencia 1995.

Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Pre-Textos. Valencia 1998.

Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III. Pre-Textos. Valencia 2000.

Medios sin fin. Notas sobre la política. Pre-Textos. Valencia 2001.

Preferiría no hacerlo. Bartleby, el escribiente. [Et al.]. Pre-Textos. Valencia 2001.

El lenguaje y la muerte. Un seminario sobre el lugar de la negatividad. Pre-Textos. Valencia 2002.

Estado de excepción. Homo sacer II, 1. Pre-Textos. Valencia 2003.

El hombre sin contenido. Ed. Áltera. Barcelona 2005.

Lo abierto. El hombre y el animal. Pre-Textos. Valencia 2005.

Profanaciones. Ed. Anagrama. Barcelona 2005.

La comunidad que viene. Pre-Textos. Valencia 2006.

El tiempo que resta. Comentario a la Carta a los Romanos. Trotta. Madrid 2006.

La potencia del pensamiento. Ed. Anagrama. Barcelona 2008.

El reino y la gloria. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2008.

Signatura rerum: sobre el método. Ed. Anagrama. Barcelona 2010.

Ninfas. Pre-Textos, Valencia 2010. (**)

El sacramento del lenguaje. Arqueología del juramento (Homo sacer II, 3). Pre-Textos, Valencia 2011.

Desnudez. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2011.

Opus Dei. Arqueología del oficio. (Homo sacer II, 5). Pre-Textos. Valencia 2012. (*)

La muchacha indecible. Mito y misterio de Kore. [Et al.]. Ed. Sexto Piso. Madrid 2014. (*)



Notas:

Se señalan con (*) las obras que no figuran en Wikipedia [consulta del 12.01.15 a las 17:00 h.].

Se señala con (**) un texto verdaderamente breve.

Se marcan en (color rojo) las obras que se encuentran en nuestra biblioteca.




viernes, 9 de enero de 2015

Distancias [y II].

[by Google]

2)

En la cultura de la falta de respeto y la indiscreción genuinas de la comunicación digital, las shitstorms ('tormentas de mierda') son posibles. La comunicación digital hace posible un transporte inmediato del afecto. Ya que ella transporta más afectos que la comunicación analógica.

El respeto como medio de comunicación ejerce un efecto semejante al del poder. La persona respetable incluso es imitada como modelo. El respeto impone distancia. A una persona de respeto no la cubrimos con una shitstorm. Tanto  el poder como el respeto ejercen un efecto de distanciamiento. La shitstorm indicaría que vivimos en una sociedad sin respeto recíproco.

La comunicación del poder no es dialogística, explica Han. El poder es una relación asimétrica. Y el respeto no es por definición una relación asimétrica. También es posible un respeto recíproco, que se basa en una relación simétrica. El tejido digital favorece la comunicación simétrica. Cada uno es emisor y receptor, consumidor y productor a la vez. Esa simetría es perjudicial al poder. El reflujo comunicativo destruye el orden del poder.

El poder como medio de comunicación se cuida de que ésta fluya veloz en una dirección. La comunicación del poder intenta reducir considerablemente el barullo y el ruido, es decir, la entropía comunicativa. Por ello el barullo o el ruido sería una referencia acústica de la incipiente descomposición del poder.

Según Carl Schmitt, era soberano el que decidía sobre el estado de excepción. Ahora es soberano el que tiene la capacidad de engendrar un silencio absoluto, de eliminar todo ruido, callar a todos de golpe.

Como también la shitstorm constituye un ruido comunicativo, después de la revolución digital, dice Han, tendríamos que redactar la frase de Schmitt de nuevo: “es soberano el que dispone sobre las shitstorms de la red”.


lunes, 5 de enero de 2015

Distancias [I].

 
 [by Google]

Continúa la lectura de Byung-Chul Han.

1)

‘Respeto’, escribe Han, significa mirar de nuevo hacia atrás, presupone una mirada distanciada, un pathos de la distancia. Por contra, hoy se deja paso a la mirada sin distancias propia del espectáculo. Spectare sería un alargar la vista, pero sería una actitud a la que le falta el respeto (respectare). La distancia es lo que distingue el ‘respectare’ del ‘spectare’. Una sociedad sin respeto conduce a la sociedad del escándalo.

La decadencia  general de los valores erosiona la cultura del respeto. Los modelos actuales carecen de valores interiores. Se distinguen por cualidades externas. Y donde desaparece el respeto, decae lo público. Lo público presupone el distanciamiento, apartar la vista de lo privado bajo la dirección del respeto. Hoy reina una creciente falta de respeto, una falta de distancia, en la que la intimidad es expuesta públicamente y lo privado se hace público. Sin distancia tampoco es posible ningún decoro.

La comunicación digital deshace las distancias y la técnica del aislamiento genera veneración. Según Han, la destrucción de las distancias espaciales va de la mano con la erosión de las distancias mentales. La comunicación digital fomenta esta exposición pornográfica de la intimidad.

El medio digital privatiza la comunicación, desplaza la producción de información de lo público a lo privado. Barthes definió la esfera privada como “esa zona del espacio, del tiempo, en la que no soy una imagen, un objeto”. Ya no es posible la esfera privada. Y no tenemos hoy ninguna esfera privada, pues no hay ninguna esfera donde no haya ninguna cámara.

Así mismo, la comunicación anónima fomentada por el medio digital, destruye masivamente el respeto. Anonimato y respeto se excluyen entre sí. El nombre es la base del reconocimiento. Va unido a la responsabilidad, la confianza y la promesa. Y el medio digital, que separa el mensaje del mensajero, la  noticia del emisor, destruye el nombre.
 (sigue)