miércoles, 16 de febrero de 2022

Krisis? What Krisis? [II].


La elaboración de teorías con pretensiones explicativas ha pasado de moda. Cualquiera que ose expresar un pensamiento coherente, una tesis de crítica social, una reflexión que se sitúe por encima de la democracia y el libre mercado, se hace sospechoso. El aparato teórico conceptual es visto como un incordio, y así, se podría hablar casi de una desconceptualización de las ciencias humanas y sociales, que forma parte de la fenomenología de una época que ha llegado al final de la que fue hasta ahora historia de las teorías.
No carece de ironía que precisamente de ese modo se derrumbe el viejo muro que separaba a la filosofía de la vida y al espíritu de la sociedad. Se trata del universal impulso, esencial al capitalismo, de vender todo lo que sea vendible. En una economía global de casino, el espíritu se convierte en filosofía ludópata para uso doméstico de la máquina dineraria automatizada.
Frente a ello harían falta, desde luego, nuevos conceptos o cuando menos un nuevo uso de los conceptos viejos, en resumen, una nueva teoría que reaccionara ante los cambios sociales y formulara una crítica de la sociedad que corresponda al nuevo terreno histórico. Si la teoría no se atreve ya a mostrarse en público sino andando de puntillas, tan lastimoso estado tal vez se deba a la ‘muerte’ del marxismo. Con el desmoronamiento de los conceptos marxistas se desmorona la conceptualidad de la teoría en cuanto tal, porque el marxismo parecía ser la ‘sublimación’ de la herencia de la filosofía. Ahora, en cambio, este punto de referencia, sea positiva o negativa, parece desvanecerse sin dejar rastro. Pero, como escribe el anterior responsable de Krisis Robert Kurz (*), quizás el judío alemán Karl Marx haya sido enterrado esta vez con más precipitación que nunca…
Hay que salir a tientas del laberinto de la modernidad, guiándonos por la crítica radical marxiana de la mercancía y del dinero. En Marx mismo, el plano inmanente de la teoría está continuamente relacionado con la crítica radical del valor en cuanto tal valor. El problema, continúa Kurz, no era el valor o la forma social de la mercancía, sino únicamente la plusvalía impuesta desde el exterior. El concepto de fetichismo sería la categoría central de crítica, ascendiendo desde el fetiche-mercancía al fetiche-dinero. Hacer reconocible mediante una crítica el propio fetiche del trabajo. El problema ya no es la explotación en la forma valor, sino el trabajo abstracto mismo, esto es la utilización abstracta y empresarial del ser humano y de la naturaleza. El ‘trabajo’ ha perdido toda dignidad, no sirve ya sino para asegurar, a un coste cada vez más ruinoso, la continuidad del sistema capitalista globalizado.
La economía de mercado y la democracia occidental, como formas fenoménicas del fetichismo moderno, ya no son prácticamente capaces de integrar a la inmensa mayoría de la humanidad.


(*) A.A.V.V.- El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. 2ª edición, febrero 2014. Ed. Pepitas de calabaza. Logroño.

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