miércoles, 28 de diciembre de 2011

lunes, 12 de diciembre de 2011

Ciudad sin atributos

“La ciudad no es un árbol / todo es mentira, todo es mentira…”
Decía un antipoema a propósito de la falta de urbanidad que padecemos y que se ha incubado como un virus en las entrañas de la urbe en que vivimos.

Primero fueron los alcaldes de UCD, neófitos y temerosos de que se les negase el certificado de autenticidad democrática, pero sin ideología urbana, incapaces por ello de detener las posiciones en el desarrollo de la ciudad que los clásicos agentes urbanísticos iban tomando al calor de los pactos de La Moncloa.

Después, los alcaldes del PSOE que, salvo alguna escasa excepción, se dejaron comer la oreja por espurios elementos de novedosa catadura que, aprovechando leyes timoratas, propiciaron un rápido negocio periférico, dejando la ciudad fragmentada, dispersa y sin dotaciones, salvo no-lugares comerciales, atrayendo a la fácil ganancia corrupta a muchos de los propios munícipes.

Y luego, los alcaldes del PP que, eso sí con mayor educación en algunos casos que sus antecesores, se han entregado de lleno a la acción depredadora de los tiburones económicos para sacar adelante específicas operaciones urbanísticas al margen de una idea urbana global, sin que la ciudadanía, en todo caso, reaccione con efectividad política.

Y a partir de ahora, con la coartada de la ciclópea crisis económica, ¿qué?

*Joseph Beuys
Cosmos y Damián, 1974 Tarjeta postal, Edition Klaus Staeck.



jueves, 8 de diciembre de 2011

MEMORIA DE ARQUITECTURA (y IIIb)



(El patrimonio de la arquitectura)
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 Cautivados, y cautivos, por la celebración de la memoria, necesitamos relacionarnos con el pasado mediante el patrimonio. De ahí la expansión actual del concepto de patrimonio. Patrimonio fue lo que procedía del paterfamilias en los romanos. Hoy patrimonio es, según Antonio Ariño, un conjunto de bienes que conforman el acervo de la sociedad. La dimensión patrimonial es un ‘constructo’ (construcción social) que no consiste en una propiedad intrínseca del objeto, sino una atribución de los sujetos.
En su artículo ‘La expansión del patrimonio cultural’, Ariño plantea al respecto que la obsesión por la memoria que ha producido la patrimonialización de la cultura, también alumbra algunas paradojas, como por ejemplo:
- Que toda tentativa de conservación es en sí misma una transformación, para que algo sea conservado como patrimonio ha de ser fosilizado y descontextualizado.
- Que la conservación está sometida a procesos de desestabilización ya que, dotado de identidades híbridas, el patrimonio es actualmente un proceso de negociación.
- Y que la construcción de un patrimonio cultural de la humanidad está condicionada por la globalización actual. En esa escala de proyección nueva, el propio reconocimiento patrimonial genera desterritorialización y desarraigo.
Hay que pensar, con Negri, que en el ámbito de la globalización ya no hay historia, sólo presente postmoderno. Y allí, el espacio histórico queda suprimido.
Aunque no todo sea patrimonio, aunque casi, todo sí es patrimonializable en potencia (incluido entonces el deterioro y la perversión del patrimonio)
No obstante la conversión del bien patrimonial en producto cultural lleva implícita, como dijimos antes, su mercantilización como artículo consumible, asociado ante todo a las estrategias del turismo o a las demandas de la sociedad del ocio y en pro de las reglas economicistas del mercado.


 A. y P. SMITHSON. Edificio “Robin Hood Gardens” (1966-72). Londres.
[Aprobada su demolición en 2009]

La forma de actuar de esa tendencia bastante dominante a considerar el patrimonio como valor económico es: preservar los edificios para después intervenir según la dinámica del mercado. Algunas restauraciones cultivan entonces el simulacro monumental  que demanda la industria turística a través de la réplica y por ello el proceso de banalización cultural del patrimonio puede convertir los centros históricos, como el caso de ciudades patrimonio, en parques temáticos.
Incluso la actual posibilidad de que todo pueda llegar a ser patrimo­nio ha sido interpretada por algunos pensadores contemporáneos, como hemos visto, como una reacción de miedo ante un mundo dominado por el mercado, ya que de alguna forma, el patrimonio permite combatir la tendencia de la sociedad del despilfarro.
El recuerdo en tanto que movimiento imaginario de retorno al pasado, constituye un medio de liberar a las cosas de la carga que las distorsiona y las oprime.
 
E. MENDELSOHN. Dibujo de la Torre Einstein. Potsdam (Alemania)

Memoria pues fundamentada como ‘remembranza’ (recordación). Mirada específica sobre el pasado o, mejor aún, una construcción del presente desde el pasado (construcción, no reconstrucción), esto es, no restauración del pasado, sino creación del presente con materiales del pasado [Benjamin].
Coetáneos de Benjamin, Adorno y Horkheimer, con su dialéctica negativa, plantearon una relación con el pasado que no fuera sacralizante. No defendieron la necesidad de conservar el pasado, sino paradójicamente de rescatar sus esperanzas.
Después de todo, igual tiene razón Antonio Fernández Alba cuando en su Domus aurea nos plantea: ‘¿No será que la mitificación del pasado se ha disfrazado de futuro y no hay quién lo reduzca a presente?’
Recordaremos como final una cita de Umberto Eco, traída por Iñaki Urdanibia, y que nos gustaría que tuviese futuro:
‘El pasado nos chantajea… La respuesta postmoderna a lo moderno consiste en reconocer que, puesto que el pasado no puede destruirse –su destrucción conduce al silencio- lo que hay que hacer es volver a visitarlo… con ironía’.
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martes, 6 de diciembre de 2011

MEMORIA DE ARQUITECTURA (IIIa)



El patrimonio de la arquitectura
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El Ángel de la Historia en Benjamin (‘Angelus Novus’) da la espalda al futuro. Según Cuesta Abad en Juegos de duelo, invierte su posición para ver de frente o recordar algo que de otro modo permanecería tras de sí olvidado.
 Las ruinas que ve el ángel, esas ruinas que son objeto de culto desde el Barroco, son los costes humanos y sociales del progreso… las graves amenazas que penden sobre el planeta y que son el resultado del progreso.
En los edificios reducidos a escombros anida un objeto del saber: lo que perdura es el raro detalle de referencias alegóricas. Y nos señalaba Benjamin: ‘Las alegorías son en el reino de los pensamientos lo que las ruinas en el reino de las cosas’.

 
[*Paul Klee]
‘Angelus Novus’

El monumento pierde su simbolismo, como símbolo del pasado, si no hay conciencia capaz de captarlo nos señala Francisco León. El símbolo se transforma en alegoría que elimina los límites de la significación. La alegoría sustituye al símbolo si su relación es convencional.
Estamos experimentando a partir de Benjamin complejos movimientos de reconceptualización y resemantización del patrimonio. El primer desplazamiento es el reconocimiento del patrimonio no sólo incluyendo la herencia pasada, sino también los recientes bienes y expresiones culturales, visibles e invisibles, tangibles e intangibles. Benjamin ha sido el primer pensador que invierte la orientación hacia el futuro que caracteriza en general a la modernidad y al arte moderno, hasta trastocarla en una orientación aún más radical hacia el pasado.
Existe una deuda que la actualidad tiene contraída con el pasado, una solidaridad que sólo puede testimoniarse, reconstruir las huellas históricas, con la fuerza de la memo­ria de lo aún olvidado.
A partir de los años sesenta del siglo XX, la superación de la historia como clave exclusiva de legitimación del patrimonio y la aceptación de la cultura como nuevo argumento, ha permitido formular nuevos bienes culturales. La noción de patrimonio redu­cida a una colección de monumentos excep­cionales, ha sido sustituida por otra más abierta.  En definitiva, una ruptura epistemológica que desembocó en la supera­ción de la artificiosidad de los límites tempora­les del objeto de estudio.


A. AALTO. Museo en Aalborg (Dinamarca).

Un proceso que verifica la creciente importancia patrimonial de la arquitectura contemporánea. En el Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Pérez Escolano, María Morente y otros, han reflexionado largamente sobre esta cuestión.
Se constata que durante los últimos tiempos se ha producido una patrimonialización de la cultura, con una desesperada búsqueda de elementos significativos dignos de preservación.

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(sigue)


domingo, 4 de diciembre de 2011

MEMORIA DE ARQUITECTURA (IIb)



(Los cimientos de la memoria)

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Conocidos los cimientos, fijemos nuestra atención en el ‘constructo’.
De acuerdo con Andoni Alonso, filosóficamente la memoria no sólo interesa epistemológicamente (memoria como facultad cognoscitiva) u ontológicamente (memoria como garantía del yo) sino éticamente (lo que se debe recordar y lo que hay que olvidar).
La definición más general de memoria, leemos en Ricoeur, proviene de Aristóteles (De la memoria y de la reminiscencia), que retoma a su vez, como no, a Platón (Teeteto), y concierne a la imagen (eikôn): hacer presente la ausencia.
Hay que distinguir dos tipos de lo ausente: lo irreal e imaginario, por un lado y lo que ya ha sido, lo anterior, por otro. Esto último distingue a la memoria como ausencia, se trata de hacer presente lo que ha sido y está, ahora, ausente. No es momento de relacionar estas cuestiones con Heidegger y su distinción entre Vergangen, la época pasada y Gewissen, lo anterior. Historiografía [historich] versus acontecer histórico [geschichtlich] en definitiva.
Hablar de memoria es hablar del tiempo y hablar del recuerdo implica aludir al olvido. Pero hablar de memoria en relación al tiempo, continúa Alonso, nos lleva a hablar del espacio (‘lugares’ en los que aparece la memoria). En efecto, nos lo precisó Rodríguez de las Heras en su ‘Del arte de la memoria a la nemótica’: “La memoria la pliega el tiempo. Recordar es poder deshacer solamente los pliegues que guardan lo que deseamos en ese momento recuperar”. Y resalta el papel de Simónides de Ceos y la importancia de la imagen para la memoria. ‘Se crea el ‘arte de la memoria’ para reforzar las funciones de la memoria natural… el arte de la memoria consiste en imaginar imágenes (‘imagines’) y lugares (‘loci’)…’
El arte de recordar (mnemotécnica) pasará en el siglo XXI por el ordenador como sustituto de la memoria individual: La memoria natural deviene en artificial.



Mediante el lenguaje, los humanos pueden crear mundos imaginarios. Pueden, incluso, sincronizar esos mundos. Pueden simular el mundo con el lenguaje y simular el lenguaje con el lenguaje en un ordenador.
Investigar las metamorfosis que la ‘sociedad de la información’ ha propiciado, como causa y efecto, en dimensiones fundamentales de la existencia humana como la memoria, es otra preocupación que puede derivarse de la presente lección, a desarrollar a posteriori.
Si buscamos una concepción más científica de la memoria de acuerdo con investigaciones recientes, leemos en Castro Nogueira que en realidad nuestros recuerdos son ‘constructos’ complejos en permanente cambio, vinculados a las emociones, los deseos y los estímulos prácticos del presente.
Sigue Castro pormenorizando que no existen ‘localizaciones’ fijas y estables de recuerdos en nuestra mente en el sentido convencional. Podría hablarse de cierta ‘topología’ de nuestra memoria; de ciertos espacios-tiempos mnemónicos configurados de acuerdo con estructuras topológicas más o menos estables. Y dice: ‘La memoria no es tanto una repetición exacta de una ‘imagen-recuerdo’ en nuestro cerebro, como una constante recategorización’.
Los materiales psíquicos fragmentarios no pertenecen al pasado de los sujetos sino que derivan de las representaciones inmediatamente anteriores a la estimulación. El cerebro categoriza continuamente estímulos de acuerdo con el pasado y con los deseos, emociones y necesidades presentes. Lo anterior desmitifica cierta jerga filosófica utilizada.
También se admite hoy que la memoria no se opone al olvido. No son términos excluyentes ni antagónicos. Según Todorov, la memoria es una selección entre supresión (olvido) y conservación (fijación en la memoria).
Pero no es lo mismo el olvido en el sentido de desconocimiento del pasado, que el olvido en el sentido de no dar importancia al pasado… Hay un pasado presente y un pasado ausente… Lo deformante es el olvido: la historia misma sería ese olvido desfigurador de lo natural.
Sentencia Reyes Mate al respecto: ‘Del pasado se ocupa la historia y también la hermenéutica’. Y es que ya lo decía Benjamin: ‘La historia comienza cuando acaba la memoria’.

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(sigue)


viernes, 2 de diciembre de 2011

MEMORIA DE ARQUITECTURA (IIa)


Los cimientos de la memoria


3

La transformación de la concepción de la práctica arquitectónica, escribió Ferrán Lobo, se pone de manifiesto en la ‘mítica del origen’. Ya que se suele caracterizar la situación de las artes en nuestra época como la de una crisis de fundamentos.
Sabemos que los cimientos, la cimentación, tienen otro significado según el D.R.A.E.: el de fundaciones o, mejor, fundamentos, y es así como se utiliza por los técnicos constructores en Hispanoamérica. De ahí que para comprender la importancia actual del pasado y de la memoria, nos preguntemos por sus ‘fundamentos’: los cimientos de nuestra memoria.
Habíamos constatado con Odo Marquard que ese mundo moderno del progreso casi ilimitado, en el que hay que hacer sitio a lo nuevo desechando las cosas pasadas de moda, justificar el empleo de la tecnología moderna y convertir lo tradicional en mercancía, es cada vez más, paradójicamente, el mundo de la conservación y del recuerdo. Como compensación de la innovación se desarrollan en nuestra época fuerzas protectoras del pasado y aparece una cultura del recuerdo. Como escribe Marquard: ‘la manera más efectiva de olvidar, es olvidar mediante el recuerdo’. En consecuencia, cuanto más moderno es el mundo moderno, es decir más postmoderno, más imprescindible resulta, como compensación, la cultura del recuerdo. Señalando Jameson que los dos rasgos del posmodernismo son: la transformación de la realidad en imágenes y la fragmentación del tiempo en una serie de presentes perpetuos.
Pero esta filosofía de la compensación no explica en profundidad el giro hermenéutico que respecto al pasado se ha desarrollado en civilización occidental. Sobre todo porque sabemos a partir de Halbwachs que el pasado es una reconstrucción social no inmutable sino moldeada por las experiencias del presente.
Relacionamos hoy una nueva manera de ver la ciudad como un conjunto de escenarios, con una nueva forma dinámica de entender el patrimonio. Y detrás de todo, según Fernández de Rota, está una de las peculiaridades de la época contemporánea: la conciencia obsesionante de la historia. Y cita a Huyssen: ‘La memoria es una obsesión cultural de proporciones monumentales’. La obsesión por la memoria no es una epidemia masiva de nostalgia sino una auténtica crisis de los fundamentos de la modernidad.
En realidad la capacidad humana de disponer técnicamente de la naturaleza se ha intensificado en la sociedad de consumo, la renovación continua está exigida para asegurar la pura y simple supervivencia del sistema, y el ideal de progreso es algo vacío. Por otro lado, como nos indica Toni Negri en Arte y multitudo, el mercado destruye la creatividad. El mercado, su poder, ha absorbido toda potencia para evacuar la posibilidad de que lo que devengue singularidad tenga valor para alguien o algo. No sólo se destruye la imagen, sino la imaginación. Y como si se refiriese a nuestros objetivos, dice: ‘ya no hay memoria; se ha vuelto imposible para la evacuación del deseo, de la racionalidad, de todo proyecto de singularidad. La traición, así como la falsificación, se convierten en moral allí donde se da la ausencia de memoria’.
Pero esta justificación reduccionista atribuiría predominantemente al mercado la promoción de esa sensibilidad historicista pretérita. No es suficiente entender el patrimonio como producto transformado en mercancía en los actuales procesos de consumo y mercantilización.
En efecto, una explicación más cimentada, [vide J. Hernández Ramírez en Ciudad e historia], argüiría que los nuevos usos de la memoria y la vindicación del pasado, derivados de la angustia existencialista tras la desconfianza en la ciencia y la tecnología, son indicadores de la crisis de los valores de la modernidad. La valorización entonces del patrimonio cultural es un sentimiento de extravío de los vínculos sociales, la comunidad pierde su papel como lugar de socialización, y la experiencia espacio-temporal se resquebraja. Lo que aumenta hoy el apego al pasado son las dinámicas homogeneizadoras que impone la globalización; como reacción surge la recreación de nuevas referencias, rescatando memorias y patrimonializando culturas.
Pensadores como Benjamin y como Heidegger, desde ideologías encontradas, fueron no obstante precursores de la fundamentación de esta valorización.
Así, tras la terrible experiencia de la segunda guerra mundial, el europeo asolado y cautivo expía en la angustia, en palabras de Heidegger de 1962: ‘la huida de los dioses y con ella la desolación de la morada de los seres humanos, el vacío de sus obras y la vanidad de sus actos’.
‘Si la brutalidad del mundo moderno -el poder de la técnica actual, que todo lo penetra, y de la ciencia y sociedad industrial, subordinadas a ella- no mantuviera una relación enigmática con la retirada de los dioses, nosotros, que en el peligro de la autodestrucción del ser humano buscamos algo que nos salve, no necesitaríamos la memoria’, continua Heidegger en su librito Estancias.
La voluntad artística de hoy presenta algo sin consistencia, que expuesto a las manipulaciones de la era industrial, resulta incapaz de mostrar lo propio. ‘Sólo podemos buscar lo que, aunque veladamente, ya conocemos’. Insiste en la búsqueda del pasado a través de la memoria, realizando una mirada retrospectiva y un esfuerzo por la recuperación del inicio, un Heidegger que había pensado antes del nazismo, que nuestro tiempo está fuera de lugar y que el pasado es el peso intempestivo del olvido.
Por ello en un mundo que aparece cada vez más conflictivo, el pasado puede manifestar su identidad propia a los seres humanos de una época cuyo universo está penetrado por doquier por lo artificioso de los dispositivos.
 La falta de fe en un progreso que conduce a la aniquilación, angustia la existencia de un ser sin futuro, que busca en su pasado, en su origen, al que accede fomentando la memoria, un fundamento en que basar su devenir.
Por ello, continúa Heidegger: ‘quien en el estado actual del mundo busca el lugar determinante, aunque todavía oculto, sabe que todo lo más nuevo de lo nuevo se desmorona si no se retrotrae a su antigüedad originaria…’.
Y sentencia: ‘quien no tenga presente la violencia del mundo técnico moderno, puede diluirse en el encanto que proporciona histórico-estéticamente la ciudad’.
Advirtiendo Heidegger acerca de la decadencia [ya entonces], que caracteriza a la parte antigua de las ciudades, ‘todo envejecido, pero no viejo; pasado, pero no algo sido’ no obstante con el peligro, dice premonitoriamente, de ‘…convertirse en un simple objeto de la disciplina histórica, en imágenes estimulantes de escritores sin ideas, en escenario de experiencias y congresos internacionales, en objeto de rapiña de la industria del turismo’.
Y también, acerca de la contemplación de las ruinas, les atribuye la representación más sencilla, y esencial, del silencio como espacialidad de un espacio existencial. Cita ‘Pan y vino’ de Hölderlin: ‘¿Por qué callan también ellos, los viejos teatros sagrados?’ 


GRASSI y PORTACELI. Restauración del Teatro Romano de Sagunto.

Y escribe: ‘los fundamentos de los templos, los poderosos tambores de las columnas que aún desplomados mantenían su erguida, sustentante, prominencia: todo ello ahuyentaba la apariencia de lo colosal simplemente macizo’.
Preguntándose si no sería esto una advertencia de que, si es verdad que la investigación arqueológica sigue siendo necesaria y meritoria, sin embargo no alcanza ella sola aquello que sucedió en medio de lo construido en otro tiempo.

Dibujo de E. G. ASPLUND. (Viaje por Italia).

En parte, como escribe Baudrillard respecto a la excavación arqueológica, por tendencia a que ‘…el yacimiento se clausure como si fuera una mina agotada. La ciencia pierde con ello un capital precioso, pero el objeto queda a salvo, perdido para ella, pero intacto en su ‘virginidad’. No se trata de un sacrificio, sino de un sacrificio simulado de su objeto a fin de preservar su principio de realidad’.

*

(sigue)