lunes, 5 de febrero de 2018

Es nuestro hijo de p…

[by Google]

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Domingo, 7 de enero.

- Ave-maría-purísima.
- Sin-pecado-concebida.
- Padre, he cometido un pecado de lectura.
- ¿...?
- He incumplido todas las normas que me tenía fijadas a mí mismo. Por influencia de dos catalunyenses a los que guardo profunda devoción (Albert Boadella y Josep Pla), y como han pregonado ellos, hace años que no leo un libro entero, sólo leo fragmentos de obras de cualquier género que no sea ficción pues, como todo adulto serio, por su recomendación para no ser un cretino, dejé de leer novelas después de los 40 años. A pesar de ello, habiéndome traído los Reyes Magos el libro ‘Jazz blanco’ de James Ellroy, me he dejado tentar y, subyugado, me he leído de un tirón sus 480 páginas en una tarde.
- Bueno, puesto que has demostrado dolor de corazón, como penitencia sólo vas a escribir un resumen del mismo. Aunque Ellroy sea un hijo de p… es nuestro hijo de p…

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‘Jazz blanco’, es la novela de James Ellroy que cierra su Cuarteto de L. A. dedicado a la corrupción policial. Aunque continúa con temas y personajes ya tratados en los otros títulos de la serie (especialmente ’L. A. Confidential’), el último volumen presenta algunas singularidades respecto a los otros tomos.
Es una novela de correcta estructura con un único y subjetivo narrador homodiegético, un teniente de policía corrupto, y que requiere mucha concentración en su caso por parte del lector, ya que el autor desarrolla la trama a partir de los recuerdos personales del protagonista con una redacción de gran economía verbal. Es prácticamente telegráfica, utiliza las palabras como música sincopada (de ahí, en parte, su título). Es como leer una agenda personal escrita con frases inconexas a medida que la crisis y el derrumbe de su protagonista se precipitan. No faltan, como en otros de sus textos, recortes periodísticos de diarios y tabloides [como ‘Hush-Hush’ (Secretísimo)] que completan y subrayan el conflicto narrado cargado de acontecimientos y nombres.
Nos lo acaba de indicar Marina Sanmartín en el ABC Cultural: “es fácil caer en una especie de estado hipnótico con la escritura telegráfica de Ellroy, que no es densa en su forma, pero sí rotunda… “
El libro está recién publicado por Penguin Random House en rústica, con fallos en la paginación y aprovechando una traducción anterior que deja bastante que desear en algunas expresiones.

Como indica su título, en el libro hay personajes caucásicos relacionados con el jazz. También el propio protagonista recurre a esa música como un mantra en muchas de sus digresiones. Y hay capítulos que pudieran recordar en su estructura rítmica dicho estilo a base de síncopas, [como lo termina de reseñar un blog de jazz, (unos párrafos: sincopados y crueles)].
Es curioso que Ellroy haya comentado en entrevistas que le interesaba sólo la música clásica (por ello quizás el uso del término cuarteto en su tetralogía) y que odiaba el rock e incluso el jazz. Sin embargo no conoce mal este último y lo usa en la novela tratada de diversas formas como hemos dicho. En realidad se refiere más al estilo de músicos de la costa oeste americana, preferentemente blancos, de la época en que data su historia, finales de los cincuenta del siglo anterior. En la historia aparecen dos, uno real y otro de ficción (el que tiene más relación con personajes de la trama y se hace más presente). Se trata de Art Pepper y del inventado Champ Dineen (del que se cuenta, resumiendo, su vida).
El primero con su tema "Straight Life" (Vida en orden) [que dio título igualmente a su autobiografía], del álbum Art Pepper Meets the Rhythm Section’ de 1957 [Art Pepper, alto saxophone, con Red Garland, piano, Paul Chambers, bass y Philly Joe Jones, drums]. 
El segundo con un tema principal ficticio, “Soo Slow Moods” (Muuy calmoso, o Despaacito) y otras versiones de temas estándares reales.
En numerosas páginas hay referencias de ellos, que intervienen en la historia de la manera que el autor ha considerado pertinente. He aquí las principales, que dan una idea de todo lo dicho hasta ahora:
… Discos rotos/cubiertas de discos. El legendario Champ Dineen: Soo Slow Moods; Una vida convencional: The Art Pepper Quartet; El Champ interpreta al Duke. (pág. 50).
… «Club Alabam: Art Pepper Quartet, todas las noches». Art Pepper, Una vida convencional ("Straight Life"): uno de los discos rotos de Tommy K.
Música extraña, pulsante, discordante. La distancia distorsionaba el sonido; el ritmo se acompasó con las voces de la gente que charlaba en la acera… Un crescendo, aplausos…
…Oscuro: ni portero ni taquilla a la entrada. En el escenario, cuatro tipos blancos, iluminación de fondo. Saxo, bajo, piano, batería; cuatro compases: ni música, ni ruido…
… Cogí una silla, observé, escuché.
Solo de saxo: bocinazos/sobreagudos/quejidos. Me serví un trago. Lo tomé de un golpe.
Calor. Pensé en Meg: tener padres alcohólicos nos había vacunado contra el licor. La llama de una cerilla: Tommy Kafesjian en primera fila. Tres tragos seguidos, mi respiración se acompasó con la música. Crescendos; sin interrupción, una balada.
Pura belleza: saxo, piano, bajo. Cuchicheos: «Champ Dineen», «Eso es del Champ». Un disco roto de Tommy: Sooo Slow Mods (Muuy calmoso)…
… Resumen del paseíto por los tugurios, puro instinto de policía:
…Loco del jazz/voyeur: el ruido alimentaba la vigilia.
Ruido/música: adelante, sigue por ahí… (pág. 112-113).
… Hice de mirón yo mismo: la casa de los Kafesjian, jazz en la radio del coche para matar el aburrimiento. Dos noches, broncas familiares; una noche, Lucille sola, desnudándose ante la ventana: la radio se acompasaba a sus movimientos…
…Trabajo en casa, dos noches: Art Pepper, Champ Dineen… Escuchando lo que rompió el intruso. Mi fonógrafo, el volumen alto: la Intuición, firme. Una sesión me empujó de nuevo al local; de allí, seguí a Tommy K. hasta el Bido Lito's. (pág. 128).
… La cómoda: ropa interior, álbumes de jazz: Champ Dineen, Art Pepper. Los mismos títulos. La colección de discos rotos de Tommy K., duplicada. (pág 185).
… Huellas parciales en las tapas de los álbumes; los discos en sí, con los microsurcos, no recogían las impresiones dactilares. Champ Dineen en mi tocadiscos: Soo Slow Down (sic), El Champ interpreta al Duke.
Música de fondo. Hojeé la Transom.
Piano/saxo/bajo: suave. Fotos de chicas insinuantes…
Saxo susurrante, contrabajo como el latir del corazón.
… Trinos del piano, magníficos.
Un número atrasado, Dineen filtrándose…
… Solo de saxo alto:
“Mood Indigo” en versión Dineen: instrumentos de viento graves.
… Champ Dineen, rugiendo. (pág. 198-199)
Colgué el teléfono y subí el volumen. Ellington/Dineen: “Cottontail”. Recuerdos: año 42, Cuerpo de Marines. Meg, la canción: bailando en la terraza de El Cortez. (pág. 200).
… Champ Dineen nos arrulló el sueño. (pág. 206).
… Un combo preparándose; hice una seña al saxo para que se acercara. Llegamos a un acuerdo: veinte dólares por un popurrí de Champ Dineen.
Las luces, amortiguadas. Vibráfono/batería/saxo/trompeta. ¡Ya…!
Temas: sonoros/rápidos, suaves/lentos. En voz baja, el barman me habló del mítico Champ Dineen.
La historia:
Salió de ninguna parte. Parecía blanco, pero el rumor convirtió su sangre en mestiza. Tocaba el piano y el saxo bajo, componía jazz y grabó algunos discos. Un tío guapo, muy colgado: follaba en las cabinas para mirones y nunca se dejaba tomar fotos. Champ enamorado: de tres hermanas, niñas ricas, y su madre. Cuatro mujeres, nacieron cuatro hijos. El papá rico y cornudo se cargó a Champ a tiros. (pág. 211).
— ¿Champ Dineen, tal vez?
— ¿Me toma por estúpida? Champ Dineen era ese compositor que murió hace años. (pág. 249).
… Música para acompañar la vigilancia: la primera noche, por la radio del coche, un poco de bop; la segunda, Champ Dineen puro.
Suave: Richie y Lucille, tal vez amantes. Suave: Glenda, volviéndose hacia mí tras un resbalón, tanto valor…
Champ Dineen: la radio del coche, con el volumen muy bajo. El eco de la música en la ventana de Lucille: la misma emisora.
Lucille en la ventana, sin maquillaje, nuevo peinado. Las fotos del dormitorio de Richie, a tamaño natural.
Un camisón puesto, casi recatado… (pág. 331).
… Girando, cayendo; TODO a ritmo de bop. Riffs de Champ Dineen; Lucille y Richie, arrojados del paraíso. (pág. 466)”.

El interés de la obra no obsta para que, a pesar de la fama del autor, seguidor confeso de Ross Macdonald, por la escabrosidad de los asuntos que trata y su éxito de ventas, no se trate de una obra maestra del género negro. Es literatura Random House, no Literatura. La falta del cinismo inteligente de un Raymond Chandler con una construcción, además, de personajes y tramas sutiles y convincentes, y sobre todo la carencia de un ajuste de cuentas con toda una sociedad, base última de los conflictos que en ella se desarrollan, sustentada en parámetros de desigualdad e injusticia cuya indagación y testimonio se perciben como finalidad, crítica y moral, en Dashiel Hammett, no devuelven, con Ellroy, la novela negra a la cima literaria alcanzada con los maestros citados.

No obstante proporciona un entretenimiento asegurado para los amantes del género. Existe una versión en pdf descargable a tal fin. 


© Tipo Material





lunes, 15 de enero de 2018

Lo caliginoso.



 

Cansinos Assens, tío lejano de Rita Hayworth, como crítico literario.

Ya no puede escribirse así. 

No sólo porque no se sabe, sino porque no se quiere y porque no se debe. En  definitiva, porque no se puede (*):

…síntesis de princesa y dactilógrafa…

…hasta la hora del cubrefuego…

…superfluo aditamento tendencioso…

…encastillarse…

…anagnórisis…

…abúlico, hiperestésico, soñador…

…epitalamio malogrado…

…al son de monótona melopea…

…sobrecogido de una búdica ataraxia…

…ardor caliginoso de una siesta malagueña…


(*) F. Aramburu en El País [13/07/2013]: 
"La  crítica está llamada a florecer allí donde abunda la materia criticable... Para ser ejercida con garantías de excelencia, la crítica requiere dedicación plena."


sábado, 21 de octubre de 2017

Immunitas.

[by Google]

Escribe Byung-Chul-Han [*], que el siglo XXI no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. El panorama patológico de comienzos del siglo, también en el campo social, no es tanto de infecciones sino de trastornos neuronales que quedan ajenos a las técnicas inmunológicas de ataque-defensa, de repeler lo extraño y eliminarlo a causa de su otredad.

Según él, habría habido un cambio de paradigma en el que desaparece la otredad y la extrañeza, sustituidas por la diferencia y el exotismo. La sociedad, hoy, se sustraería del esquema de organización inmunológica, ya que parecería cierto que el paradigma inmunológico no es compatible con la globalización y que también la hibridación cultural es diametralmente opuesta a la inmunización.

Sin embargo el discurso inmunológico sigue en boga. Se sigue planteando una respuesta de protección ante un peligro que amenaza las defensas humanas de todo orden, aplicado a inmigrantes o refugiados, pese a la ceguera de Han, a ataques informáticos o a la superproducción y la superinformación, ver Esposito o Baudrillard.

Y si no, para reforzar la visión inmunizante, obsérvese el fenómeno de los nacionalismos actuales, aquí el catalán. En su discurso no sólo se afirma la inmunización sino que se agrava. Para ellos, lo otro es lo negativo. La resistencia inmunitaria se tiene que dirigir siempre contra lo otro o lo extraño, porque en un sistema dominado por lo idéntico no tiene sentido fortalecer las defensas del organismo biológico o social. El sujeto repele lo otro, lo expulsa, aunque el extraño no tenga intención hostil. El rechazo inmunológico es una reacción frente a la supuesta negatividad de lo otro. Por ello, la otredad que suscita una reacción inmunitaria, se opondría a un proceso de disolución de fronteras, reforzándolas.



[*] Byung-Chul-Han (2017).- La sociedad del cansancio. 2ª ed. Herder, Barcelona.



domingo, 23 de julio de 2017

Sobre la amistad.




La amistad.

Es proverbial el dicho atribuido a Aristóteles: “O phíloi, oudeìs phílos” (“Oh amigos, no hay amigos”). En realidad es una errata [así lo defiende Agamben en “El amigo”*] ya que debería ser “Ôi phíloi, oudeìs phílos” (“El que tiene -muchos- amigos, no tiene ninguno”).

(Ser tu) amigo, si no es un término performativo es no-predicativo, ya que no tiene una denotación objetiva. Reconocer a alguien como amigo significa no poder reconocerlo como ‘algo’. La amistad no es una propiedad o una cualidad de un sujeto. “Amigo” no es un predicado real adherido. Es un existencial y no un categorial. Los amigos no comparten algo: ellos están compartidos por la experiencia de la amistad. La amistad es el compartir sin objeto.

En la Ética nicomáquea**, Aristóteles plantea un tratado de la amistad más en consonancia con la corrección del lema apócrifo arriba citado. Allí escribe que el hombre virtuoso con-siente (con-sentimiento) con el amigo como consigo mismo. El  amigo es otro sí mismo, no un alter ego (otro yo) sino un héteros autós.

 “Consentir que el amigo existe en el tener en común acciones y pensamientos y en la convivencia. Convivencia humana y no, como en el caso del ganado, por pacer en el mismo prado” [Aristóteles].



*Anagrama, 2015.
** Gredos 1998.